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📚RESEÑA: Sira – Maria Duenas

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Hasta no hace mucho, apenas un poco más de una década, la española María Dueñas –doctora en Filología Inglesa– era simplemente una profesora de la Universidad de Murcia, una persona anónima fuera de su ámbito académico.

Nada mal: llevaba dos décadas ejerciendo la docencia y la investigación, y estaba satisfecha con su destino. Aunque quién sabe si del todo: en cualquier caso, empezó a escribir ficción sin un objetivo claro, o no más claro que disfrutar, aunque con rigor, fiel a su estilo, al margen de la rutina.

Muchos años después iba a decir que jamás había tenido la ambición –ni la ilusión– de ser escritora, que sólo quería hacer algo que la sacara de su actividad cotidiana sin abandonar su trabajo. En primer lugar, la palabra “sacara” suena sospechosa. Y además: ¿qué es ser escritora? ¿Escribir? ¿Publicar? ¿Vender? ¿Vender mucho?

Difícil responder. Dueñas, por las dudas, hizo todo eso y más: escribir, publicar, vender, vender mucho, vender mucho más. Su primera novela, El tiempo entre costuras, editada por Planeta en 2009, fue un tsunami editorial –ya lleva más de 70 ediciones y fue traducida a 40 idiomas–; el Big Bang personal que lo cambió todo.

María Dueñas y su nuevo libro, continuación de "El tiempo entre costuras".

María Dueñas y su nuevo libro, continuación de «El tiempo entre costuras».

Cuando eso ocurrió, Dueñas tenía 45 años. El fenómeno impresionante de ventas del libro –que en 2013 iba a convertirse en una serie de televisión también exitosa– la llevó a una especie de doble vida que para ella fue angustiante, hasta que se definió por una.

El regreso de Sira

Hoy, a días de haber lanzado Sira, novela en la que retoma la historia de la protagonista de El tiempo entre costuras, Dueñas sabe que es una escritora de novelas y guiones a tiempo completo, una escritora de tremendo éxito comercial, de bestsellers, aunque se mantenga de licencia como docente: su antiguo trabajo de su antigua vida, a la que no va a regresar.

Cada tres años, a partir de su debut, volvió a sacudir al mercado con sus obras: Misión olvido (2012), La templanza (2015; estrenada el mes pasado como serie en Amazon Prime, con Leonor Watling) y Las hijas del capitán (2018). Sus primeros cuatro libros vendieron 10 millones de ejemplares y ahora va por más.

Cuando le preguntamos cómo eligió volver a Sira, retoma el argumento de que nada estuvo en sus cálculos. Su voz, amable, cortés y serena, llega desde España:

“Fue un retorno totalmente imprevisto. A partir del éxito de El tiempo entre costuras y de la serie de televisión, me pidieron muchas veces el regreso de Sira. Pero todo había sido tan intenso, tan precipitado, tan arrebatado, que necesitaba tomar distancia de ella, necesitaba que nos separáramos por un tiempo. Pasaron casi doce años y, a partir de mi fascinación por Tanger (uno de los escenarios importantes en El tiempo..), le di una oportunidad a Sira.”

"Sira" fue lanzada ayer a nivel mundial.

«Sira» fue lanzada ayer a nivel mundial.

-¿En qué cambió el personaje y en qué cambiaste vos desde la publicación de esa primera novela?

-Sira ha crecido, ha madurado, vive nuevas aventuras pero las lleva de distinta manera. Tiene treinta y pico: ya no es una jovencita ingenua; tiene otras prioridades, para mí gusto es más atractiva. En cuanto a mí, cuando escribí El tiempo… seguía trabajando full time en la universidad. Al publicar la novela, todo se volvió tan rápido, tan precipitado, que el año siguiente fue horroroso.

-¿Horroroso?

-Es que tenía que atender demandas generadas por el libro que no paraban de crecer, y a la vez debía cumplir con mis obligaciones profesionales. Después de un año me di cuenta de que no podía desdoblarme más y de que debía dejar alguna actividad de lado. Decidí dejar la docencia, la vida universitaria: pedí una licencia que se prolongó en el tiempo, y me dediqué a escribir, a promocionar luego las novelas y a incursionar en el mundo audiovisual. No creo que vuelva al mundo académico.

-Distintos momentos históricos, reconstruidos con rigurosidad, les dan marco y atmósfera a tus narraciones. Pero leí que no sos una apasionada absoluta de la Historia.

-Me gusta la Historia por curiosidad intelectual y porque soy profesional del mundo de las Humanidades, pero no soy una especialista ni una freaky que se la pase leyendo y reteniendo datos. Me interesa la Historia en la medida en que arroja luz para entender cómo somos. Me documento a fondo. Trabajo las coordenadas de tiempo y espacio en donde transcurrieron determinados hechos que afectan de un modo u otro a los protagonistas de mis novelas.

Dueñas nació en Puertollano, España, en 1964.

Dueñas nació en Puertollano, España, en 1964.

-¿Por qué elegiste a Eva Perón como personaje relevante de Sira?

-Ha sido fascinante hacerlo. Debería levantarle un monumento a Eva Perón, porque fue subyugante seguir su rastro. En parte, me llevaron las coordenadas temporales. La novela empieza al final de la Segunda Guerra Mundial, en los comienzos de la Guerra Fría. Sira arranca la novela mudándose de Madrid a Jerusalén, de ahí a Londres y vuelta a España, en 1947. Una España desolada y oscura, que, como único rayo de sol, recibió ese año la visita de Evita.

-¿Cómo era exactamente ese contexto nacional?

A sólo ocho años del final de la Guerra Civil, había hambre, represión, miseria. Entonces, el régimen de (Francisco) Franco le dio bombos y platillos a la visita de Eva: actos, shows, agasajos. Cambió la fisonomía de las calles para que ella no viera lo que había realmente. Era noticia todos los días en la prensa, el pueblo salió a recibirla. Detrás de eso había un interés económico. Desde 1946, 47, desde la Argentina llegaba todo tipo de ayuda para España: barcos cargados de cereales, de legumbres, de cueros; en esa época también hubo préstamos financieros. Duró hasta los años cincuenta y tantos. La Argentina fue muy generosa con España.

-Suele ser complejo comprender al peronismo desde afuera, ¿cómo te documentaste y qué idea tenés sobre el peronismo?

-Hoy en España se ve a Evita, una figura fascinante, desde una faceta única: se sabe que fue la mujer de Perón, que hizo lo que hizo, que murió joven y no mucho más. No tenemos una idea muy concreta sobre sus matices. Mis amigos argentinos me remarcaron que era un personaje poliédrico en muchos sentidos y que sigue despertando reacciones muy diversas e incluso opuestas. Me documenté mucho con lecturas variadas: desde las más afines y complacientes hasta las más críticas y afiladas.

Ha sido subyugante seguir el rastro de Eva Perón para escribir mi nueva novela. Es un personaje poliédrico en muchos sentidos.

María Dueñas, escritora

-Y supongo que habrás recorrido muchas hemerotecas.

-Sí. He ido siguiendo, a través de la prensa española y otras publicaciones del momento, cómo fue el itinerario de Evita por Madrid, cómo se vestía, quiénes la acompañaban, qué le regalaban. Para mí ha sido apasionante esa reconstrucción. En cuanto a las reacciones que provocaba en la Argentina, las comento por arriba, no las valoro porque carezco del criterio como para poder hacerlo. Me limito a poner el foco sobre ella y seguirla en ese viaje por España.

-Sí dejás constancia de que su discurso en favor de los más humildes y de la equidad social incomodaban a Franco y a su esposa.

-Por un lado, Franco sentía respeto y cierta afinidad con el gobierno de Perón, que a la vez se estaba comportando muy bien con España. Pero algunos de los dogmas, principios y proclamas de justicia social de Evita coincidían con los que republicanos habían defendido durante la Guerra Civil, y a Franco le sonaban como si fuese la voz de sus adversarios, lo que lo ponía un poco nervioso. En un país absolutamente dividido, Evita decía, por ejemplo, que no quería que nadie quedara fuera de las coberturas sociales, mientras que Franco no tenía la menor misericordia con aquellos que habían perdido la guerra.

-Aun así, Franco se mostraba condescendiente con Eva.

-A ella le toleraban todo. Que llegara tarde, que los dejara esperando. A veces Eva les hacía cambiar de programa sobre la marcha y Franco debía callarse, aunque acabara de ganar la guerra y tuviera al país bajo su bota. En su relación con Evita, vemos una versión de Franco muy distinta de la que él tenía en otros ámbitos y situaciones.

"El tiempo entre costuras" en versión serie de TV, con Adriana Ugarte.

«El tiempo entre costuras» en versión serie de TV, con Adriana Ugarte.

-¿Alguna vez te cuestionaron tu mirada o tu reconstrucción de determinado personaje histórico?

-No, nunca me ha ocurrido.

-Ariana Harwicz, escritora argentina que vive en Francia, sostiene que la corrección política genera un arte infame y que las editoriales se encargan de ejercer el control de la corrección política. ¿Qué opinás?

-Que no ha sido mi experiencia y que no he sentido eso. Para nada. A lo mejor porque soy convencional en los asuntos que trato. Al escribir, cada cual se expone a la crítica y los lectores; no creo que las editoriales pongan un freno. Cada uno es responsable por sus palabras y opiniones, y luego las defiende, si es necesario y quiere hacerlo. En principio, no me consta que por parte de las editoriales haya ese tipo de censura, tan determinante como para alterar un catálogo o frenar la publicación. A lo mejor eso existe y es ajeno a mí y a mi entorno, pero ahora mismo en la ficción española no lo percibo así.

-¿Al escribir pensás en la perspectiva de género o en otras miradas que son tomadas en cuenta en esta época?

-Intento escribir con mi mirada de mujer. Es muy fácil decirlo ahora, porque eso se valora enormemente y todo lo que venga de nosotras es bienvenido, aceptado y celebrado, diría. Pero cuando publiqué El tiempo entre costuras no era así. Hace doce años, que escribieras siendo mujer, a través de una voz de mujer, con una mujer en la portada y con una protagonista femenina, te encasillaba. Sabías que ibas a contar con el rechazo de una gruesa porción de lectores hombres a los que no les interesaba para nada lo que quisieras contarles.

-¿Y eso cambió mucho?

-Creo que el abanico se está abriendo un poco más, por suerte. Aunque todavía quedan prejuicios, cuestiones por ir limando, tiranteces, camino por recorrer. Hoy las mujeres que escribimos estamos en una posición bastante mejor que antes y damos pequeños pasos, año tras año, en una dirección más favorable, aunque quedan prejuicios volando en el ambiente.

Deuñas vendió 10 millones de ejemplares de sus primeras cuatro novelas.

Deuñas vendió 10 millones de ejemplares de sus primeras cuatro novelas.

-Hablando de prejuicios, ¿sufriste alguno por vender millones de ejemplares de tus libros?

(Ríe) -Bueno… no muchos. Todo el camino ha sido gozoso y reconfortante, y siento gratitud con los lectores y la prensa, que se ha comportado de maravillas; dicho lo cual siempre hay alguna anécdota: gente que cuando no habías empezado a vender mucho te saludaba amablemente y que luego dejó de saludarte en el ascensor. Tonterías, casos muy esporádicos. La acogida a mis libros ha sido muy favorable, salvo por algunas críticas; pero eso es la sal de la vida, no pasa nada.

-¿Sentís la presión de que cada libro tuyo tenga que ser un éxito de ventas, te pesa lo que ha ocurrido con los anteriores?

-No. No me preocupa en absoluto. No quiero sonar soberbia. Yo arranco cada novela como si fuese la primera, con la misma ilusión, con las mismas ganas, dispuesta a dejar el pellejo en ella, y dispuesta a disfrutarla, también. Cada una es un proyecto cerrado, circular, completito, en el que trabajo con rigor y honestidad. Ahora todo es más fácil porque la editorial hace más campaña. Cuando salió El tiempo entre costuras todo era más pequeñito y rudimentario. Cada proyecto es como un hijo: lo quiero igual que a los anteriores.

-Desde que publicaste tu primer libro, el crecimiento de las redes sociales modificó el modo de leer y escribir. ¿Cambió tu manera de escribir o la manera en que tus novelas son leídas?

-No. Yo vivo ajena las redes sociales; a mí no me han afectado. Pero es claro que el panorama se ha alterado un poco. Son nuevas maneras de expresión, de comunicación y de creación. Ni buenas ni malas. Es un abrir el abanico, que haya otras opciones. Mientras exista creatividad por un lado y receptores de la creatividad por otro, el canal es, casi, lo que menos importa.

Muchas veces las grandes editoriales son demonizadas, como si fueran monstruos productores de porquerías. No es así para nada.

María Dueñas, escritora

-¿Cómo te llevás con las adaptaciones audiovisuales de tus libros? ¿Participás?

-En el caso de El tiempo entre costuras, simplemente supervisé los guiones. Ahora estrenamos La templanza; ahí participé un poco más, aunque no mucho. Colaboré con los guionistas. Pero no me dejan participar mucho. Soy supercontroladora y quiero estar ahí dentro. Ahora vamos a adaptar Las hijas del capitán y voy a aportar más. Además, estoy desarrollando otros proyectos.

-¿Pero en general quedaste conforme con las adaptaciones?

En general, sí. El tiempo entre costuras funcionó muy bien. Siempre te queda la sensación de que hubieras hecho ciertas cosas de otro modo; crees que lo hubieras hecho mejor, aunque seguramente no habría sido así. Te queda la sensación de que no entendieron algo, pero es una sensación un poco boba de mi parte, porque no formo parte de ese mundo.

-¿Entonces?

-En términos generales he quedado contenta. Para mí es fundamental que se respete el alma de una novela, no tanto sus diálogos o escenas. Hasta me parece una cuestión menor si cambian algunos personajes o limitan ciertas cosas. Mientras la esencia y el alma estén ahí, mientras no sean desleales con los lectores, me quedo tranquila. Cuando adaptaron El tiempo entre costuras me sentía preocupada por los lectores, que habían quedado muy cautivados con la novela. Velaba para que se mantuviera su esencia del libro y no traicionar a sus seguidores; estaba un poquito encima. Finalmente, trataron al libro con mucho respeto.

Su nueva novela transcurre tras la Segunda Guerra. FOTO: EFE/Víctor Lerena

Su nueva novela transcurre tras la Segunda Guerra. FOTO: EFE/Víctor Lerena

-Alguna vez dijiste que el sector editorial no es una ONG…

-¿Eso he dicho?

-Al menos, es lo que leí. Pero el periodismo suele no ser confiable. Si no lo dijiste, me corregís.

(Ríe) -Vale.

-Se supone que dijiste que gran parte del sector editorial es una industria, no una ONG. En ese caso, ¿queda espacio para la libre experimentación artística o todo se limita a fórmulas que ya funcionaron a nivel ventas?

-Yo tengo libertad al cien por cien. A veces mis editores no ven lo que he hecho hasta que tengo más de la mitad de la novela escrita. En este aspecto, las decisiones son absolutamente mías. En general, todas las editoriales quieren atraer lectores, porque no son una ONG, lógicamente: son empresas que buscan un rendimiento. Pero si tú eres capaz de componer una historia que atrape a los lectores, atractiva, que esté bien escrita, que tenga ritmo, no van a ponerte ningún límite ni cortapisa. Da igual sobre lo que quieras hablar.

-También existen editoriales independientes que no le dan prioridad al mercado, lo que no significa que no lo tomen en cuenta.

-Desde luego que hay distintos tipos de editoriales. Las grandes y comerciales, y las que no lo son. Algunas rompen lanzas con las grandes, como Planeta, que muchas veces son demonizadas, como si se tratara de un monstruo productor de porquerías y por el otro lado sólo hubiera machacadores de grandes talentos. Y no es así, en absoluto. Que yo venda muchos libros y mi editorial gane dinero aumenta la posibilidad de que Planeta publique títulos que no van a darle tantos beneficios. No hay que demonizar, ni conviene hacerlo. Las editoriales grandes quieren lectores para grandes historias y su trabajo es buscarlos y conseguirlo. No creo que conscientemente callen voces por mera corrección política si la historia vale la pena.

-Adolfo Bioy Casares dijo alguna vez: “Si mi casas fueran libros, preferiría vivir en Dormir al sol«. ¿En cuál de tus libros preferirías vivir?

-Siempre me quedo con el último, porque hay que cuidarlo. Pero, cuando sea viejita, me gustaría vivir en Misión olvido, porque en cierto sentido es el más cercano a mi mundo, a mi formación, incluso por fuera de lo académico, aunque la protagonista sea una profesora, como fui yo. Es mi novela más cercana a mi universo y creo que me haría sentirme en casa. 

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